Dios los cría…y la envidia los corroía.

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Pluma: JOSE LUIS HUERGO

Me gustan las letras (no las de cambio, a menos que estén suscritas a mi favor) y aprendí desde chavo que, para escribir, hay que leer, de modo que siempre tengo un libro a la mano.

Son varios los autores que me han marcado, entre ellos, el maestro Renato Leduc.

Recuerdo el prólogo de uno de sus libros, donde refiere cierta publicación suya que provocó enconadas reacciones. Narra Leduc:

“Cuando me preguntaban: ‘¿Por qué escribiste eso?; respondía: Porque me dio mi chingada gana’. Como insistieran en su pregunta idiota, les contestaba con otro lenguaje que yo aprendí en mis años de telegrafista militar: el gesto de enganche de los garroteros ferrocarrileros, este signo que, entre paréntesis, el torero Lorenzo Garza usaba mucho cuando el público le chillaba. Consiste en enganchar los vehículos de un convoy; una vez hecho esto, sale el garrotero levantando el brazo con el puño cerrado y hace tres flexiones hacia atrás diciendo: ‘Vámonos’”.

En mi quehacer periodístico, me han puesto todas las etiquetas, si hablo mal de uno del PRI, me dicen panista, que si menciono las burradas de uno del PAN, entonces soy priista. He sido denostado, estigmatizado, amenazado y hasta a mi santa madre le han tocado menciones por carretada; inexorablemente por parte de cobardes que se ocultan en el anonimato.

Y es que nunca he publicado nada que no tenga fundamento; de hecho, tengo por costumbre guardar un archivo por cada publicación mía, con los correspondientes videos, audios, fotos o bibliografía que respalden lo escrito.

No temo a la polémica, me gusta, porque de la dialéctica nacen los grandes conceptos, pero una polémica sana, con argumentos sólidos, no esas discusiones donde el más necio o el que más grita, gana. Sencillamente, no me gusta discutir con pendejos, porque hay que bajarse a su nivel e, inexorablemente, ganan por experiencia.

Mi deber, como periodista digno de crédito, es ser imparcial, no inclinarme por partido o ideología alguna, amén de que estoy convencido de que el problema no son los partidos, sino los políticos.

Verá usted:
Durante muchos años, el partido oficial fue el PRI y muchos organismos que tenían que ver con él: sindicatos, universidades, politécnicos, corporaciones científicas o artísticas, etc.

Hasta que, luego de muchos años de lucha, el PAN consiguió la Presidencia de la República. Ni siquiera porque la gente conociera su plataforma política, sino por el voto de castigo, el linchamiento contra el grupo en el poder.

Hoy, poco más de dos sexenios de distancia ¡Oh sorpresa! gran parte de los candidatos del PAN son chapulines del PRI, en tanto que los genuinos panistas, o han abandonado al partido, como Clouthier junior, o se han conformado con migajas, dejando las posiciones de poder a los multicitados chapulines.

Caso grave el que vivimos en Campeche, con Yolanda Valladares, que ha hecho del PAN Estatal su changarro personal, por eso no extrañó a nadie que Alito le mostrara públicamente su agradecimiento durante la toma de protesta de Pablo Gutiérrez Lazarus.

¿Es que el PAN, entonces, se ha convertido en el nuevo PRI?
Mi teoría es que el poder siempre aprovechó al PRI para que en las pugnas electorales le facilitara a sus miembros en calidad de votantes, mapaches, etc. Cuando el PRI se desgastó, el poder se cambió al PAN y punto.

Prueba de ello es que el sistema, que tanto criticaron los panistas cuando eran oposición, no ha cambiado para bien. Los cambios visibles que ha habido han sido para perfeccionar la corrupción, ahogarnos con más impuestos e ir entregando paulatinamente la economía a los grandes capitales extranjeros.

Claro que, cuando digo el PAN esto o el PAN aquello, no falta quien levante su voz airada y me diga: “recuerda que el PRI hacía lo mismo, no te quejes”

He ahí el quid de la cuestión, el PRI lo hacía, el PAN criticaba acerbamente dichas prácticas y, si llegaron al poder, fue precisamente porque el pueblo les creyó que cambiarían las cosas.

Fox prometió crecer la economía, repartir las utilidades petroleras entre los mexicanos y una bola de imposibles más, vaya, hasta el horario de verano prometió abolir.

Al término de su sexenio, la economía por los suelos, miles de empresas quebradas, PEMEX con mayor participación de capital privado y el horario de verano, ya todos sabemos.

Calderón entre muchas otras maravillas, prometió generar empleo, abatir la corrupción, etc.

Es la hora en que niguas.

Sin embargo, el regreso del PRI al poder fue el acabose: homicidios de estado, desempleo, impunidad, robo descarado por parte de los políticos, recortes al gasto público, mientras la familia presidencial se da vida de reyes.

Carmen ha sido siempre pródiga, cuando no el palo de tinte, el chicle, cuando no, el camarón y finalmente el petróleo. Pero poco es lo que recibe a cambio la llamada “capital económica del estado y hasta del país”.

Por todo esto y el caudal de males que nos aquejan, gracias a la negligencia y avaricia de los políticos, considero mi deber señalar aquello que, desde mi óptica, es incorrecto y lacera nuestros derechos como ciudadanos en este teatro guiñol llamado democracia.

De tal suerte que, por esta ocasión dejaremos reposar los refranes de la abuela en su secreter para dar voz a Renato Leduc, quien dijo:

“Si a alguien no le gusta, no me voy a meter en controversias ni discusiones; simplemente, levantaré el brazo y les diré: ‘Enganchados. Vámonos todos al carajo y un poquito más allá. A ver quién llega primero’”.

¡Arredovaya!
Se acabó el espacio.
Nos vemos, pues…

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